No soy ni mucho menos el único que tengo instalado en mi ordenador el programa Microsoft Messenger. La verdad es que tiene cosas buenas, y también cosas muy útiles. Pero hay algo que me revienta.
Hace dos semanas, tras haber encendido mi ordenador, recibí un mensaje de Microsoft, diciéndome que ya era posible descargarse la nueva versión del Messenger y me preguntaba si quería o no descargarla. "¿Y qué más me da?" me dije a mí mismo, "la que tengoahora me va fenomenal. ¿Para qué cambiar?"por lo que contesté que no quería instalarla. Si mal no recuerdo, al día siguiente, se repitió la misma historia, de modo que contesté de la misma forma. Pero cuál fue mi sorpresa al observar que debido a esa respuesta, Windows no me permitía abrir la "antigua" versión que poseía. Yo testarudo, persistía de modo que a cada vez que volvía a encender mi ordenador, la misma pregunta me aparecía y, tras responder una y otra vez de forma negativa, me quedé dos semanas sin poder contactar en línea con amigos y familiares. Al final tuve de desistir y aceptar la "propuesta" de Microsoft para que me instalara la nueva versión que tanto ha "promocionado".
Desde luego, una práctica propia del monopolio Microsoft sí que es. De hecho, no tengo casi ni la menor duda de que es ilegal: nadie puede obligar a una persona a utilizar un producto, ya sea éste gratis o no. El caso es que entre marketing y marketing, las grandes multinacionales siguen haciendo de las suyas, y eso me fastidia, pero que mucho.

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