Ayer se celebró la nosecuanta edición de Eurovisión. A decir verdad, me pilló por sorpresa en mi cuarto inglés cuando zapeando me topé con el concurso televisivo.

El caso es que sencillamente no me gustó tanto esta edición. No sé si es por aburrimiento, o porque sencillamente no me apetecía ver el programa. Lo que sí es cierto es que está cada vez más politizado.

Rusia que recibe puntos de todos los países del Este, España que recibe doce puntos de Andorra, los países nórdicos que se ayudan mutuamente...

Eurovisión se ha convertido en un instrumento de respeto político. Ya no se tiene en cuenta la canción, sino más bien el país y a su situación política y social. Además, las canciones ya no tiene ese matiz intercultural que las caracterizaba hace ya muchos años. Casi todos los países se contentan con cantar en inglés, en vez de promocionar su propia cultura. En ese caso, por ejemplo, me encantó la canción de Croacia, que (más allá del cuerpo impresionante de la cantante:)) supo mezclar ritmo y cultura en 4 minutos. Por desgracia, no pude ver otras actuaciones tales como Francia, Suiza, Alemania o España, que me habrían gustado ver.

En fin, aun así, Eurovisión siempre es una buena escusa para darnos cuenta de que no sólo vivimos en una comunidad autónoma, o un país, sino que hoy más que nunca hay que promocionar el respeto mutuo y la interculturalidad entre países. En este sentido, cualquier iniciativa siempre será la bienvenida!:)

Ahora sólo queda esperar la próxima edición de Eurovisión, en Finlandia, esperando que España quede en un puesto más favorecido, en medio de esa variedad cultural, que siempre da gusto apreciar.

Un saludo