Una tarde cualquiera. Me encuentro en un supermercado listo para hacer frente a mi durísima tarea como consumidor: elegir los yogures que dentro de dos días acabarán en mi estómago. No sé cuál elegir, cada vez son más los que se me presentan en este maldito frigorífico. Pero ¿por qué tantos?, ¿Acaso no cumplen todos la misma función? Señoras y señores, las cosas ya no son como antes. ¿Que no? Los yogures ya no sólo están divididos en natillas, y algunos sabores: ahora se nos ofrece la posibilidad de comprarlos sin conservantes, con 0% de materia grasa, con o sin fruta, biológicos o no. Chicas, el champú ya no sólo os tiene que limpiar el pelo: ahora, debe ser capaz de estimularos hasta perder los sentidos. Chicos, los equipos de música ya no merecen la pena con unos altavoces convencionales y 20 preselecciones: han de ser de última generación y cuantas más prestaciones tengan, mejor. Padres, el coche ha perdido su función de mero transporte público para ahora determinar cada vez más una clase social que se intenta por todos los medios conseguir.
Productos de belleza, ropa, comida, ordenadores, móviles, coches, educación, seguros, bancos... Ya nada escapa al todopoderoso marketing. Merchandising, Marketing generacional, las cuatro Ps (Precio, Producto, Distribución, Comunicación), RCM, Disonancia cognitiva... Muchos conceptos liosos que a fin de cuenta buscan un solo objetivo: “satisfacer las necesidades del consumidor”, para sencillamente vender más.
Estamos en la era del marketing. Todo es marketing, huele a marketing, sabe a marketing. Las empresas nos inundan de nuevos productos, nuevas sensaciones, nuevos sueños que cumplir, y sin embargo no nos damos cuenta de ello. Es un arte. El arte de manipular a los consumidores. ¿Para bien? ¿Para mal? Simplemente está ahí, y lleva ya 60 años poniéndose en práctica; pero querido público, lo mejor está aún por llegar. Simplemente dejen que vuestros ojos contemplen el espectáculo, maravíllense con el marketing, déjense sucumbir por él. Señoras y señores ¡que empiece la función!

Así es. ¿Qué me dices de la publicidad en la tele? Cada vez hay más anuncios. No soporto ver la alegría que tienen las señoras cuando hacen las tareas del hogar con esos estupendos productos, como si alguien disfrutara con eso.
Ah, y lo peor, la chica tan feliz que disfruta poniendo las bolsitas de basura en el cubo, que son ajustables. Claro que baila , sonrie por la calle... y todo es perfecto en sus días.
Muchos productos y lo peor, demasiadas mentiras.
A mí el anuncio que me deja alucinada es ese en el que sale una tipa y dice:
- "Vengo del futuro" y sí, las mujeres seguimos limpiando en el futuro.
Septiembre: Lo peor es que la publicidad no llega a engañar. En cierta forma, sí embellece el producto y lo realza. Pero no miente (en este aspecto, las empresas son muy cucas!); y es ahí cuando debemos ser capaces nosostros de no dejarnos manipular.
Carmel: A mí también me saca de quicio ese anuncio! Y también los típicos que utilizan a los niños para poder vender más maíz... Eso sí, rompiendo una lanza, el nuevo de Nokia me parece una obra de arte, y el del Seat León (quizás por ser de León...).