Muchos son los sueños que teníamos cuando éramos niños. El primer oficio que quería ejercer fue la albañilería, quizás porque gran parte de mi familia está metida en ella… Pero empecé a crecer y, quizás por inercia, por mis estudios, me decanté por la contabilidad por culpa del sistema educativo suizo que clasifica a los alumnos con apenas 11 años. Luego, me vino el gusanillo por el deporte y quise ser preparador físico; luego, informático, hasta que las artes escénicas me seducieron durante mucho tiempo. Pero, finalmente, hoy por hoy, mis sueños se debaten entre la dirección de empresa y la traducción (¡quién lo habría dicho!). Lo ideal sería combinar las dos profesiones. Pero por ahora la traducción es lo que más me puede llenar.

Igual dentro de un año cambian mis gustos y metas. O sencillamente mi carrera profesional me lleva a otro campo totalmente distinto… Pero sobre todo lo que más me importa es que mi futuro trabajo me guste. ¿Tarea difícil? ¡El tiempo lo dirá!:)